Diversificar: Quintana Roo necesita más de un motor

Vista aérea de un puente vehicular sobre un canal en Cancún, con manglar y hoteles de la Zona Hotelera al fondo

Por Alejandro Adrián Arvizu Contreras
Presidente del Consejo Coordinador Empresarial del Caribe

Diversificar. Llevamos años repitiendo esa palabra en foros y en discursos, y los mismos años sin hacerla. Yo mismo la he dicho. Escribo ahora, cuando todos estamos cerrando el presupuesto del año que entra, porque por primera vez tenemos las dos cosas al mismo tiempo: los números que explican por qué urge, y los instrumentos para empezar.

Vamos con los números, que son recientes y conviene mirarlos completos. En el primer trimestre de 2026 la actividad económica de Quintana Roo se contrajo 2.9 por ciento a tasa anual. En todo 2025 se había contraído 8.8. Son cifras del INEGI, publicadas el 29 de julio de este año.

Y dentro de ellas hay un dato que me parece el más importante de todos. En actividades terciarias —servicios: comercio, transporte, hotelería, restaurantes, aquello en lo que somos el estado más especializado del país— Quintana Roo ocupó ese trimestre el penúltimo lugar nacional. El boletín lo consigna así:

“En el primer trimestre de 2026, la actividad económica de Quintana Roo mostró una contracción anual de 2.9 por ciento.”

INEGI, Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal, Quintana Roo. Boletín de Indicador 460/26, 29 de julio de 2026.

Antes de que esto suene a catástrofe, y no lo es, hay que decir de dónde viene. El grueso de la caída está en las actividades secundarias, que retrocedieron 46.2 por ciento en 2025 y otro 22.7 en el primer trimestre de 2026. Eso es, en lo esencial, el fin de un ciclo de construcción extraordinario. Las obras terminaron. Era previsible y no es una tragedia.

Lo que sí debería ocuparnos es lo otro: que cuando ese motor se apagó, no había un segundo motor encendido. Los servicios, que son cerca de tres cuartas partes de nuestra economía, aguantaron 2025 con un avance de apenas 0.3 por ciento y llegaron al primer trimestre de 2026 en menos 0.6. No se desplomaron. Sencillamente no alcanzaron para sostener al estado ellos solos.

Permítanme ponerlo en términos que todos entendemos. Ninguno de nosotros aceptaría que un solo cliente representara el setenta por ciento de sus ventas; si un hijo nos presentara ese plan de negocio, se lo corregiríamos en la primera hoja. Y ése es, exactamente, el plan de negocio del estado donde vivimos.

Por eso quiero ser claro: diversificar no es darle la espalda al turismo. Es al revés, es lo único que de verdad lo protege. Un estado con tres o cuatro motores puede permitirse que uno falle un año. Uno con un solo motor, no.

Y aquí está la novedad, la razón por la que escribo esto ahora y no hace tres años. Quintana Roo tiene hoy dos Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar declarados por la Federación, uno en cada extremo del estado. El de Chetumal se publicó en el Diario Oficial el 1 de julio de 2025: 87.8 hectáreas en Othón P. Blanco, a dos kilómetros del puerto marítimo, a tres y medio del aeropuerto y de la estación del Tren Maya, y a siete de la frontera con Belice. El Distrito Financiero y Tecnológico de Cancún se publicó el 7 de agosto de 2026: 60.76 hectáreas en Benito Juárez. Entre los dos, casi ciento cincuenta hectáreas con estímulos fiscales federales.

Lo que más me interesa de esas declaratorias no son los polígonos, sino las vocaciones que reconocen expresamente. En Chetumal: agroindustria, industria textil, metalurgia, maquinaria y equipo, tecnologías de la información, comercio internacional, y almacenamiento y distribución de mercancías. En Cancún: turismo médico, producción audiovisual, animación digital y contenidos, servicios educativos y formación profesional, comercio al por mayor de alimentos, centros de servicios empresariales y financieros, y centros de distribución.

Léanlas juntas. No es una lista de buenos deseos: es, prácticamente, la agenda de diversificación que llevamos veinte años discutiendo, ahora con polígono, con marco jurídico y con incentivos. Y está bien repartida: el sur hacia la industria, la agroindustria y la logística fronteriza; el norte hacia los servicios especializados.

Conviene decir con claridad hacia dónde queremos llegar, porque diversificar sin destino es nada más una palabra. Quintana Roo no necesita tener un poco de todo. Necesita que, además del turismo, se consoliden dos o tres sectores capaces de tres cosas concretas: generar empleo de mayor productividad, pagar salarios por encima del promedio actual del estado, y retener aquí al talento que hoy formamos y exportamos. Me atrevo a ponerlo como meta medible: que dentro de diez años un joven que estudia en Chetumal o en Cancún tenga, al graduarse, al menos tres industrias distintas donde buscar trabajo sin hacer maletas. Hoy, en los hechos, tiene una.

Tomemos un ejemplo de esa lista. El comercio al por mayor de alimentos apunta a algo que cualquier hotelero reconoce: una parte muy importante de los insumos que consume la hotelería del estado llega desde fuera, y cada kilómetro de ese trayecto es margen que se queda en el camino. No existe hoy una medición pública y reciente de cuánto es exactamente, y no conviene inventarla; pero que la Federación haya identificado ese giro como vocación de un polo en Cancún dice bastante. Y hay un indicio que apunta en la misma dirección: en 2024, cuando casi toda la economía estatal retrocedió, el comercio al por mayor fue de las pocas actividades que creció.

Dicho todo esto, una declaratoria no es un distrito. El acuerdo de Cancún deja pendiente un paso concreto: el convenio de coordinación entre el Gobierno del Estado y la Secretaría de Economía. Y después viene lo más difícil, que no depende de ninguna autoridad: que haya empresas dispuestas a instalarse. Los incentivos fiscales atraen, pero no deciden por nadie.

Porque la diversificación no se decreta. No hay programa de gobierno, por bueno que sea, que produzca por sí solo un sector nuevo: la hacen miles de decisiones privadas. Lo que le toca al sector público es más modesto y más difícil, que es firmar lo que falta y no estorbar: permisos en plazos razonables, agua y energía confiables, seguridad, y reglas que duren más que un trienio.

Y lo que nos toca a nosotros empieza por medir. El dato del primer trimestre se publicó a finales de julio y el siguiente sale hasta el 29 de octubre; con esa cadencia no se arma un presupuesto. En el Consejo nos hemos propuesto explorar con nuestros afiliados la construcción de indicadores propios, sencillos y frecuentes. Es todavía una intención y tendrá que aprobarse como corresponde, pero vale la pena ponerla sobre la mesa.

Mientras tanto, hay algo que cada uno puede hacer sin esperar a nadie: revisar su propia concentración. ¿Qué porcentaje de mis ingresos depende de la temporada alta? ¿Cuántos de mis clientes están expuestos a lo mismo que yo? Si 2027 se parece a 2025, ¿cuántos meses aguanto? Son tres preguntas incómodas, y hacerlas en serio con la contabilidad enfrente vale más que cualquier foro.

Quintana Roo construyó en cincuenta años lo que a otras regiones les tomó siglos, apostándole a una sola cosa y haciéndola mejor que nadie. Esa apuesta fue correcta y nos dio todo lo que tenemos. Pero las apuestas que funcionan durante cincuenta años son justamente las que más trabajo cuesta revisar.

Durante mucho tiempo la respuesta fue que faltaban instrumentos. Ya no faltan: hay dos polígonos declarados, con incentivos y con vocaciones escritas en el Diario Oficial. Lo que falta ahora somos nosotros. Y ésa es, por incómoda que suene, la mejor noticia de todas, porque es lo único que sí depende enteramente de nosotros.

Alejandro Adrián Arvizu Contreras
Presidente del Consejo Coordinador Empresarial del Caribe, A.C.

 

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